Un grupo de científicos estudia en Galápagos a los tiburones ballena

El tiburón ballena es el pez más grande del mundo y todavía no se conocen muchas de sus características. Científicos se han trasladado a Galápagos para estudiar de cerca a este fantástico animal.


El tiburón ballena

Cuando se trata de pensar en algunas de las regiones del planeta famosas por su biodiversidad, no quedan dudas de que el archipiélago de Galápagos se encuentra entre las principales, hogar de numerosa cantidad de especies marinas tanto de animales como de plantas.

Entre todas ellas, claro está, sobresalen especialmente algunas como el tiburón ballena, una variante de la tan temida criatura marina del que se sabe menos que de otros, y al que la ciencia intenta conocer por estas fechas en esta parte de las aguas ecuatorianas.

De hecho, investigadores locales, con compañía de colegas españoles, norteamericanos e ingleses, se han trasladado hasta el lugar para llevar adelante uno de los más ambiciosos estudios conocidos hasta ahora sobre las costumbres y hábitos del pez más grande que habita el planeta.

Con ejemplares que superan los 17 metros de largo y los 5 metros de ancho contemplando sus aletas pectorales, el tiburón ballena puede alcanzar las 6 toneladas de peso, y son fácilmente reconocibles no sólo por sus dimensiones sino también por su color grisáceo acompañado de unos pequeños puntos blancos, que además los diferencian dentro del grupo al que pertenecen.

Descifrando sus misterios

Los expertos, que se desplazaron concretamente hasta isla Darwin, al norte del archipiélago, tienen algunos objetivos muy particulares como “descubrir los patrones de comportamiento y movimientos del tiburón ballena”, que creen que podrían resultar fundamentales para la preservación de la especie, una de las tantas que se encuentra en riesgo de extinción.

Para obtener esta información, los científicos ubicaron varios dispositivos de rastreo a metros de profundidad, con tecnología suficiente como para registrar todos los movimientos tanto verticales como horizontales de esta especie en sus sitios habituales.

Estos equipos, de hasta 25 centímetros y que no representan ningún peligro ni molestia para los animales, como se encargaron de explicar estos investigadores, son colocados en la parte dorsal de los tiburones ballena, que no notan su presencia ni son agredidos por el sistema.

El proyecto fue considerado un éxito, al menos en esta primera etapa, teniendo en cuenta que 5 de los 9 tiburones ballena de los que se tenía conocimiento ya portan los dispositivos, que podrán obtener datos hasta los 2.000 metros de profundidad, y que se caerán del cuerpo de los tiburones al cabo de unos meses, cuando pierdan su utilidad.

En el caso de los otros 4 ejemplares, se les han instalado equipos de iguales características físicas, pero que pueden detectar movimientos hasta los 5.000 metros de profundidad, y que al igual que los primeros se desprenderán una vez terminada su vida útil.

“Tenemos registros de que navegan a 1.928 metros de profundidad, pero no sabemos más allá, explicó al respecto el biólogo Harry Reyes, uno de los participantes en el estudio, mostrando la esperanza de que estos nuevos aparatos tecnológicos refuercen su conocimiento.

De salir todo correctamente, también podrían descubrir por qué los tiburones ballena se acercan entre los meses de junio y diciembre a la isla Darwin, algo que puede ocurrir por tratarse de “un lugar de descanso o de encuentro social de tiburones para migrar a otro lado”.

Hasta ahora sólo saben que estos ejemplares no se alimentan en los alrededores de la isla, lo que les hace suponer que podrían disfrutar de la biodiversidad del lugar, o de sus temperaturas más agradables que en otros ecosistemas que frecuentan.

Resultados a un año

Claro que tanto nuestro informante como todos sus compañeros tendrán que ser un poco pacientes, pues no tendrán los datos que brindan estos dispositivos sino hasta dentro de un año, algo clave para comprender el comportamiento anual de estos animales.

“Pueden estar buceando durante tres meses y después salen a la superficie y ahí emiten la información porque ahí sale la antena”, detalló el experto, que pretende junto a sus colegas llenar los campos vacíos que tienen en cuanto a las características de vida de estos peces gigantes.

Por lo demás, este acercamiento hasta Galápagos también les ha permitido realizar lo que se denomina “foto-identificación” de cada uno de los individuos, lo que, como cualquiera podría pensar, consiste en tomarles fotografías y realizar un análisis detallado de cada particularidad de los ejemplares, para seguir su evolución en el futuro.


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