Sandra la orangutana persona se muda a un santuario

Trasladan a la orangutana Sandra desde el zoológico a su nuevo hogar el santuario. Allí pasará el resto de sus días con otros primates rescatados en armonía y viviendo una libertad más justa gracias al veredicto de la justicia.


Sandra la orangutana persona

Durante las últimas horas apareció en la prensa internacional la noticia acerca del traslado de la orangutana Sandra, desde el viejo zoológico y ahora Ecoparque de Buenos Aires, Argentina, hacia el Center for Great Apes, un santuario natural en los Estados Unidos.

Hasta aquí, el hecho no alcanzaría relevancia suficiente como para ser comentado, y sin embargo existe un interesantísimo trasfondo que no podemos obviar cuando hablamos de este ejemplar, al que afortunadamente ahora le espera un sitio acorde a sus necesidades, mucho más similar a la vida salvaje de estas criaturas que a una existencia en cautiverio.

Pero decíamos que Sandra tiene cierta notoriedad internacional previa, y eso se debe a que, unos meses atrás, fue considerada por la Justicia argentina como “un sujeto sintiente”, lo que inmediatamente la hacía portadora de una serie de derechos entre los que sobresalía el de “tener una mejor calidad de vida”, el mismo que ahora justifica este desplazamiento.

Persona no humana

En otras palabras, la orangutana fue tomada como una “persona no humana” por la jueza Elena Liberatori, quien en ese momento se expresó ante los medios explicando que “con ese fallo quise decir a la sociedad algo nuevo, que los animales son seres sintientes y ese primer derecho que tienen es nuestra obligación de respeto hacia ellos”.

Ahora Sandra tendrá mejores condiciones para pasar la segunda etapa de su vida en este reconocido santuario que se especializa en orangutanes desde hace más de tres décadas, cuando abrió sus puertas, ubicado en la localidad de Wauchula, en Florida.

Federico Iglesias, director del Ecoparque de Buenos Aires, que no cuenta con tales comodidades más allá de las adaptaciones que lleva adelante para otras especies menores, añadió que “Sandra tendrá recintos más grandes en altura y cuidadores especiales”.

La orangutana, de 33 años, y que ha vivido en el viejo zoológico de Buenos Aires desde 1994, se transforma entonces en un ejemplo más de la tendencia mundial de reemplazar los antiguos centros de exhibición de animales en cautiverio hacia sitios en los que sean preservados, y se les asegure un bienestar lo más cercano posible al que debieron tener.

“Allí podrá pasar el resto de su vida en una situación decorosa”, añadió la magistrada del caso, en parte artífice de que la criatura en cuestión abandone las instalaciones que le aprisionaron desde su nacimiento en Alemania en 1986.

Sandra en el santuario

El fallo, que se produjo como consecuencia de la demanda de una asociación de defensa de los animales alertando acerca del maltrato que sufrían en el zoológico de Buenos Aires, confirma de este modo otro anterior de un tribunal argentino, en el que ya se dictaminaba que la orangutana era un “sujeto no humano de derechos”.

Lo curioso del caso es que ha sido tal el compromiso de la jueza con la situación de Sandra, que en su propio despacho luce ahora una fotografía del animal, al que además ha visitado varias veces y del cual se despidió, ahora, antes de su marcha definitiva.

Una nueva vida

Ya llegada a su santuario 40 hectáreas en los Estados Unidos, luego de pasar por un período de cuarentena en Kansas, la orangutana se encontrará con algunos de sus compañeros, que llevan los nombres de Chuckie, Pebbles, Kiki, Pongo, Popi y Tango.

En el lugar residen, ahora mismo 21 orangutanes y 31 chimpancés que fueron rescatados en malas condiciones de vida en entornos naturales arrasados por la actividad del hombre, o bien retirados de la industria del entretenimiento o salvados del comercio ilegal de mascotas exóticas.

Sandra orangutana

Dentro del santuario, apenas tendrán visitas de personas ajenas al establecimiento, y que en su mayoría son los propios donantes que permiten que siga funcionando, por lo que la mayor parte de sus experiencias con humanos serán con entrenadores y cuidadores.

En tal entorno, estos orangutanes no gozan de total libertad, porque todos ellos nacieron en cautiverio y eso podría provocarles todo tipo de trastornos de conducta, pero sí tienen grandes espacios al aire libre como para correr, y estructuras para subirse o balancearse en ellas.

De hecho, Sandra tendrá algunos otros vecinos famosos, como en el caso de Bubbles, el chimpancé que durante años fue mascota del cantante Michael Jackson y que ya lleva varias temporadas conviviendo en este centro con otros 30 ejemplares de su especie en perfecta armonía.


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