La minería a cielo abierto oscurece la nieve de Kiseliovsk

¿Te imaginas que la nieve fuese de color negro?. Eso es lo que está pasando en la población rusa de Kiseliovsk, debido a la industria del carbón que existe en la zona, provocando la indignación de sus vecinos.


Nieve negra en Kiseliovsk

Kiseliovsk es, para muchos, una desconocida ciudad de la cuenca carbonífera de Kuznetsk en óblast de Kémerovo, en una porción del territorio ruso a la que pocos suelen llegar, y que nada tiene que ver con los interesantes atractivos turísticos de esta nación tan especial.

Ubicada sobre la carretera Léninsk-Kuznetski-Novokuznetsk, probablemente durante toda nuestra vida nada habremos escuchado hablar acerca de esta localidad, y sin embargo se ha transformado en noticia en todo el planeta por una aberrante situación.

Ocurre que la ciudad, que fuera levantada en su mayor parte hace medio siglo para que se instalaran allí los muchos trabajadores de las minas de carbón locales, ha permitido tal desregularización de esta actividad comercial, que ya muchos de sus vecinos piensan en abandonarla para de esa forma proteger su salud y la de sus familias.

¿Y por qué decimos esto? Pues bien, porque con la llegada de esta última temporada de nieve se ha producido un fenómeno que casi no tiene antecedentes en el resto del planeta: la nieve que cae en el lugar y se acumula en las calles es mucho más oscura que lo habitual, casi negra.

Esto sucede, como decíamos, debido a la cercanía de una mina a cielo abierto que explota los yacimientos de carbón del lugar, y que ya ha dejado evidencia científica suficiente como para emparentarla con muertes prematuras y todo tipo de extrañas enfermedades en Kiseliovsk.

Una petición desesperada

El principal reclamo que están haciendo los residentes del lugar, es que les permitan ser declarados “refugiados ambientales”, lo que significaría su casi inmediato traslado a otro sitio, sin tener que asumir los costes de un traslado en el que perderían prácticamente todo su dinero.

De hecho, han enviado una solicitud para el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la que le piden que les reciba por esta vía, aunque los expertos consideran que la petición no será tenida en cuenta porque funciona únicamente en casos de efectos del cambio climático, y no de contextos de contaminación tan particulares. Sin embargo, ellos no pierden las esperanzas.

Esto porque, como regla general, Canadá no da la bienvenida a los refugiados ambientales, considerando además que podrían ser recibidos en otras partes de Rusia, pero parecen decididos a no aceptar aquellos destinos que se les ofrecen.

Hay que destacar, por otro lado, que ya son muchos los expertos como el profesor de derecho de la Universidad de Queens, Sharry Aiken, que sostienen que estas legislaciones deberán modificarse en cortos períodos de tiempo, “frente a un planeta cada vez más inhóspito”.

Uno de los organizadores de esta campaña de éxodo, que ha aprovechado la plataforma YouTube para dar a conocer su postura y la de sus vecinos, manifestó ante los medios que “elegimos Canadá porque el clima allí es similar al de nuestra región”, descartando las acusaciones del Gobierno ruso, que sostiene que pretenden marcharse a sitios cálidos sin pagar.

Mientras tanto, quienes por el momento deciden quedarse en la ciudad, tienen pocas probabilidades de mejorar su calidad de vida, ya que recientes investigaciones señalan que cerca del 80% de la población local vive “en las cercanías” de una mina de carbón a cielo abierto.

A partir de ello, se generan toda clase de riesgos que no son nada habituales, como por ejemplo agua y alimentos contaminados, mayor prevalencia de enfermos de cáncer, aparición de tuberculosis, y lo más llamativo para el resto del mundo: nieve negra.

Todos estos eventos han proliferado más de lo esperado en los últimos años, a medida que las nubes de polvo tóxico han cubierto la ciudad, y eso conlleva a una esperanza de vida muy menor ya no sólo en comparación con paraísos naturales, sino que en cualquier urbe promedio.

Para los científicos, la nieve negra de Kiseliovsk no es otra cosa que “un símbolo palpable y aterrador” de las catástrofes ecológicas que los humanos estamos generando en todo el mundo, sometiendo a muchos hombres, mujeres y niños a aspirar polvos que contienen enormes porcentajes de materiales pesados como el mercurio o el arsénico.

Esto se traduce no sólo en menos años de vida sino también en una salud más pobre, y todo por la desmesurada ambición de las empresas locales, que no sólo afectan a los humanos con sus actividades sino también a la fauna y flora del lugar, ya casi inexistente.

Si abarcamos toda la región de Siberia, en las últimas décadas la esperanza de vida de los pobladores locales no ha hecho más que disminuir, entre tres y cuatro años, y los expertos consideran que el peligro podría acrecentarse en los próximos tiempos.


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