La deforestación en la Amazonía brasileña crece más del 200% en agosto

Tras los numerosos incendios que ha sufrido el mayor pulmón del planeta durante los pasados meses de julio y agosto, imágenes de satélite demuestran que la deforestación se ha duplicado respecto al año 2018.


Si bien la frecuencia con la que se habla del tema en los grandes medios y las redes sociales ha decaído un poco en los últimos días, cada nuevo dato que nos llega acerca de la situación de la Amazonía brasileña no hace más que reafirmar lo crítico de los incendios sufridos por este denominado “pulmón del mundo”.

Según informó el fin de semana el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales -INPE-, ente estatal brasileño, durante el mes de agosto pasado se perdieron “698 kilómetros cuadrados de la cobertura vegetal de la Amazonía brasileña”, es decir, un 222% más que en el mismo período del 2018.

Este organismo, que realiza sus propios informes, explica que durante el octavo mes del año anterior se había comprobado el arrase por causa del fuego de hasta 526 kilómetros cuadrados, una problemática que queda pequeña comparada con la más actual.

Y si bien las mismas estadísticas señalan que la devastación se redujo con respecto a julio de este año porque algunos focos fueron detenidos, lo cierto es que el 2019 está siendo mucho peor que el 2018 en lo que refiere a la preservación de la cobertura vegetal de la mayor selva tropical del planeta, y la necesidad de medidas sigue siendo urgente.

El peor año en la historia de la Amazonía

Más concretamente, desde el INPE señalan que la superficie de bosque destruida durante julio fue de 2.254,8 kilómetros cuadrados, y aunque allí se deja ver la menor destrucción de agosto respecto a su antecesor, la comparativa con 2018 nos deja en muy mal lugar.

De hecho, el notable incremento de la deforestación en julio y agosto coloca al 2019 como el peor año para este pulmón del planeta en toda la historia, con un arrase que involucra hasta 6.404,8 kilómetros cuadrados, 92% más que la superficie afectada durante el año pasado.

Los incendios son la principal causa de la deforestación de la Amazonía.

Para realizar estos estudios, el INPE utiliza el Deter, un sistema de satélites que generan imágenes y que no sólo permiten conocer el alcance de estos incendios, sino también ofrecer alertas de anticipación a quienes trabajan intentando controlar el fuego.

Si bien estos datos no pueden ser considerados oficiales cuando analizamos la deforestación de la Amazonía brasileña, el problema es que aquellos brindados por las instituciones que dependen del gobierno de Jair Bolsonaro se encuentran bajo sospecha de fraude, y por eso se recurre a algunos otros entes cuyas cifras resulten más confiables.

Por ejemplo, los fiscales del Instituto Brasileño de Medio Ambiente se basan en la información que las brinda el Deter, ya que de esa forma saben dónde deben concentrar los esfuerzos para contener el avance de los incendios, muchas veces incluso yendo contra las autoridades locales.

Fuerte crisis política

Es justamente a raíz de estas cuestiones que mencionamos antes, que se han producido en las últimas semanas todo tipo de encontronazos entre el propio Bolsonaro y las muchas organizaciones que intentan proteger el medio ambiente, quienes acusan al máximo mandatario de ocultar, bajo un discurso desarrollista, todo tipo de flagelos contra la naturaleza.

Los estudios demuestran que, desde que Bolsonaro asumió el poder, se han multiplicado de forma exponencial los casos de tala de bosques como la expansión de áreas de cultivo, casi siempre relacionadas con grandes negocios agroindustriales e inmobiliarios que benefician a empresas de estrecha relación con el gobierno brasileño.

La tala de árboles es otro grave problema en la Amazonía brasileña.

En materia legal, se han puesto en discusión últimamente las normativas que buscaban proteger las reservas y la cultura indígena, además de discutirse la vigilancia ambiental en la región, lo que no hace más que exponer nuevas zonas de la Amazonía hasta ahora bien conservadas.

Como consecuencia de esto, no sólo grandes empresas han comenzado a boicotear las importaciones que realizan desde Brasil, sino que incluso países como Francia e Irlanda han asegurado que no prestarán su apoyo a un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea a menos que Bolsonaro respete los compromisos ambientales asumidos durante el Acuerdo de París.

Al mismo tiempo, otro efecto de la cada vez más rápida deforestación, fue el retiro del apoyo y las aportaciones al Fondo Amazonía por parte de los gobiernos de Alemania y Noruega, quienes consideran que se trata de dinero perdido en muchos casos.

Bolsonaro ha decidido hace tiempo perseguir a muchos de los científicos que trabajan en el INPE, llegando incluso a destituir a su director durante el pasado mes de julio, y exigiendo que se modifique la metodología de medición de la deforestación, algo que por suerte hasta el momento no ha ocurrido, pues de lo contrario sería imposible saber qué ocurre en la Amazonía.


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