La carne sintética podría ser una realidad para 2025

El consumo de carne animal está provocando que la industria ganadera sea una de las que más favorece el calentamiento global, por lo que se está acelerando el proceso de fabricación de carnes sintéticas de laboratorio.


Carne sintética o carne cultivada en laboratorios

Entre las muchas actividades del hombre que se señalan como causantes del calentamiento global y el consecuente cambio climático, una de las que parece más difícil de revertir es el consumo de carne y el proceso que se requiere para producirla.

De hecho, ya no sólo los defensores de los derechos de los animales proponen sustituir la carne por otro tipo de alimentos para no tener que sacrificarlos y criarlos de forma industrial, sino que además quienes pretenden conservar el mundo en condiciones para la vida humana, van por igual camino.

En el intento por alcanzar una solución que deje felices a todas las partes, estamos asistiendo en los últimos tiempos a todo tipo de pruebas y experimentos que tienen un objetivo en común: desarrollar alguna clase de carne sintética que pueda reemplazar a la de los animales.

Esta carne artificial, denominada clean meat en su concepto global, permitiría que no haya animales dañados, como así también que la contaminación que se produce sobre el medio ambiente como parte de estos procesos, se reduzca notablemente.

Mercedes Vila, directora de Desarrollo Tecnológico de Biotech Foods, una de las compañías pioneras a nivel mundial en estos productos, asegura que se sienten más cómodos con la designación de carne cultivada, y que algunas de sus ventajas son que es absolutamente sostenible, y que no posee ningún porcentaje de grasa.

Una respuesta, muchas ventajas

Si no tienes idea acerca de cómo se produce esta solución alimenticia, lo primero que debes considerar es que se cultiva, efectivamente, a partir de una proteína alternativa que producen las propias células animales, escogiendo sólo aquellas que crean músculo, algo que puede aplicarse tanto a las vacas como a los cerdos o pollos.

Además, de adoptarse estos nuevos mecanismos, se abandonarían los antibióticos que la industria suministra a los animales que forman parte de la ganadería intensiva, y que son culpables de buena parte del 14,5% de las emisiones globales de efecto invernadero de este negocio.

Los productos derivados de la carne cultivada requieren de un 99% menos de tierra utilizada, de un 75% menos de agua, y de un 90% menos de emisiones de estos gases que cualquier otro cárnico similar de los que se comercializan en la actualidad.

Vila, doctora en física de materiales por la Universidad Autónoma de Madrid, explica que ya han conseguido sistematizar métodos para “que las células crezcan formando tejido muscular, que es lo que conocemos como carne”, y que eso podría hacerse a gran escala sin problemas.

Como decíamos antes, la producción de carne natural es una de las principales problemáticas a las que se enfrenta la especie humana, teniendo en cuenta la enorme variedad y cantidad de recursos necesarios para criar a los animales durante meses o años antes de transformarse en alimentos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO-, ya expuso de modo público algunos de los inconvenientes de la industria actual en su informe “Soluciones ganaderas para el cambio climático”, de donde aparecen datos como el previamente citado acerca de las emisiones de gases de efecto invernadero que esta actividad representa.

De igual manera, este ente explica que procesos como los de pastoreo excesivo, compactación y erosión generados por la cría de ganado, han deteriorado cerca del 20% de los suelos en todo el planeta, los cuales sólo podrán ser fértiles nuevamente tras décadas de cuidados.

El agua es otro de los elementos que se encuentra en juego por nuestro hábito alimenticio de comer carne con frecuencia, dado que la industria ganadera consume alrededor del 10% del agua dulce disponible, contaminando otro tanto que no puede aprovecharse para su consumo.

Un futuro aterrador

De mantenerse las actuales tendencias de consumo de la carne se calcula que, para mediados de siglo, estaremos explotando más recursos de los que la Tierra es capaz de producir, por lo que el período para tomar medidas efectivas se está agotando.

Justamente por esta razón iniciativas como la de primera hamburguesa hecha con carne creada en un laboratorio, denominada frankenburguer y presentada por expertos de la Universidad de Maastrich hace casi un lustro, comienzan a tomar cada vez más relevancia.

Queda claro que ya son varias las firmas que se están dedicando a optimizar el negocio de la carne sintética, artificial o cultivada, y que en un par de años podremos hallar estos productos en los estantes de nuestros supermercados como cualquier otro.

Además, la sistematización del paso a paso para generar este tipo de alimentos se ha reducido muchísimo, de los 250.000 euros que se estima costó la frankenburguer, a los menos de 10 euros que costaría hoy ofrecer una hamburguesa elaborada con carne sintética.


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