Investigadores encuentran el árbol más alto del Amazonas

El árbol más alto de la Amazonía mide 88 metros de altura y su tronco tiene un diámetro de 5,5 metros, un ejemplar que es capaz de almacenar hasta 40 toneladas de carbono.


El árbol más alto de la Amazonía

La verdad es que las noticias que llegan últimamente desde la Amazonía brasileña están lejos de ser alentadoras, considerando la enorme cantidad de focos de incendio que han estado arrasando ese territorio, incluso propagándose también a parte de otros países limítrofes como Bolivia.

Sin embargo, hoy hacemos un alto en esa cadena de desalentadoras informaciones para detenernos en un reciente descubrimiento que no hace más que llamar la atención de científicos, mientras otros menos especializados lo consideran casi una señal de esperanza.

Se trata del hallazgo del “el árbol más alto de la Amazonía”, como lo han catalogado los científicos británicos y locales que trabajaron en esta investigación, refiriéndose a un ya célebre ejemplar que alcanza los 88 metros de altura, más que cualquier otro del que se tenga constancia.

Lo mejor de todo es que este árbol no representa una excepción ni mucho menos, ya que se encuentra rodeado de otros tantos que superan los 80 metros de altura, cuestión que hace suponer a los expertos que todos tienen edades similares.

Este coloso fue hallado en el estado de Amapá, en el noreste de Brasil, en una zona conocida como el Escudo de guyanés que siempre ha sido famosa por su biodiversidad, y que por el momento se mantiene lo suficientemente alejada de las llamas como para considerarla en peligro, a pesar de que los incendios forestales aumentaron por encima del 80% este año.

Un gigante que ilusiona

En cuanto al ejemplar, sabemos que se trata de un Angelim rojo (Dinizia excelsa) que, como decíamos, casi alcanza los 90 metros, y que ha logrado quedarse con este récord con facilidad, superando por más de 30 metros al que lo ostentaba anteriormente.

Con un tronco que mide 5,5 metros de diámetro, este árbol no está muy lejos de causar la misma impresión que la Estatua de la Libertad de Nueva York con sus 93 metros que incluyen la base, y duplica el famoso El Cristo Redentor de Río de Janeiro.

Otras características interesantes de esta especie es que si bien se trata de una que puede reconocerse a distancia por el mal olor que expele, también es muy apreciada por su madera, lo que normalmente la pone en riesgo de ser talada y comercializada.

En cuanto al descubrimiento en sí, los especialistas del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil tuvieron mucho que ver, ya que fueron ellos los encargados de escanear vastas extensiones de la Amazonía utilizando tecnología láser, y cuyos resultados son estudiados desde entonces, considerando que abarcan gigantescas áreas de selva.

A partir de ello fue que notaron que buena parte de las mismas contaban con ejemplares de árboles por encima de los 80 metros, aunque la mayoría de ellos luego no superaba por mucho la marca, sobresaliendo éste que merece ahora el comentario.

Tanto nuestro protagonista de hoy como los vecinos que le acompañan a esas alturas se encuentran mayormente en las cercanías del río Jari, un afluente del río Amazonas, y eso les llevó inmediatamente hasta el lugar, para corroborar el hallazgo con sus propios ojos.

Tobias Jackson, de la Universidad de Cambridge, y Sami Rifai, de la Universidad de Oxford, coautores del estudio, explicaron que se sorprendieron “con la colosal altura que mostraron los escáneres”, y que rápidamente emprendieron un viaje con varios objetivos, comenzando por confirmar su existencia, determinar la especie en cuestión, y finalmente escalar los ejemplares.

Para llegar hasta el sitio, debieron recorrer más de 240 kilómetros de pura selva durante una semana, concluyendo la parte inicial de la travesía con los gigantes a apenas unos metros de sus pies, sitio en donde acamparon antes de continuar.

Al día siguiente los escalaron, y con una cuerda que dejaron caer hasta el suelo comprobaron que el más alto de ellos, efectivamente, alcanza los 88 metros. Este mismo método les permitió saber también que sólo en esa pequeña porción de territorio, al menos otros 15 árboles superaban los 70 metros, y que todos pertenecen a la misma especie.

Los propios científicos quedaron incrédulos, ya que hasta ahora creían que los Angelim rojos solo crecían unos 60 metros, y ya están intentando dilucidar cuáles son las razones por las que pueden haber dejado atrás todas las marcas conocidas, aunque las primeras teorías se basan en lo lejos que se encuentran las áreas urbanas e industriales.

Pensando en el futuro del planeta, estamos hablando de una especie realmente importante, ya que cada uno de estos ejemplares es capaz de almacenar hasta 40 toneladas de carbono, el equivale a 500 árboles pequeños, así que deben ser extremadamente cuidados.

Y, antes de finalizar, debemos decir que los propios expertos indican que llevan relevada un área realmente pequeña, lo que significa que pronto podríamos tenernos nuevos récords de altura en cuanto a los árboles que conforman la tan castigada Amazonía de Brasil.


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