El jaguar está en peligro por los incendios forestales en Bolivia

Los incendios que están quemando la selva boliviana ya han arrasado más de de 2 millones de hectáreas, haciendo desaparecer el hábitat de muchas especies de animales, entre los que se destaca el entrañable jaguar.


El jaguar en serio peligro de extinción

Que el calentamiento global está poniendo en riesgo la supervivencia de algunas de las especies de animales más conocidas, y otras que recién descubrimos, ya no es ninguna novedad. Y, sin embargo, todos los días nos encontramos con más noticias lamentables, que no hacen más que demostrar cómo la fauna de todo el mundo está en grave riesgo.

En este caso no podíamos dejar de referirnos, entonces, a lo que está ocurriendo con los incendios forestales que afectan a buena parte del territorio de Bolivia, casi como una prolongación inevitable de los que antes arrasaron parte de la Amazonía brasileña.

La región en cuestión, hábitat histórico de especies como jaguares, pumas, tucanes, parabas y otros de menor porte, está ardiendo desde hace semanas, y los científicos creen que la mayoría de sus ejemplares podrían haber muerto calcinados, o inhalando aire contaminado.

Iván Arnold, director ejecutivo de la Fundación Nativa Bolivia – Naturaleza, Tierra y Vida, ha explicado que “la poca fauna que ha logrado sobrevivir en estos lugares prácticamente está destinada a morir, porque se ha quedado sin agua y sin comida por muchas decenas de kilómetros”.

Las llamas, que se desplazan raudamente por regiones como la Chiquitania y el Chaco bolivianos, siguen activas en la mayoría de los casos, y esto genera una incertidumbre extra acerca de cuándo podrá detenerse una destrucción que, a estas alturas, es casi incalculable.

El jaguar, al borde de la desaparición

Afectando los municipios locales de Roboré, San Ignacio de Velasco, Concepción, San Matías y Charagua, una de las especies que se encuentra más desprotegida es el jaguar, ya que sus ejemplares estaban en mínimos históricos incluso antes de estos hechos.

En su caso, además, ocurren algunas situaciones particulares que no hacen más que exponerlo, como el hecho de que sea un animal de traslados solitarios, que no se cuida en manada, o que probablemente buscará alimento en los campos ganaderos cercanos, en los que se arriesga a ser sacrificado a manos de los trabajadores que le consideran una amenaza.

Mónica Negrete, otra especialista que trabaja en la conservación de las especies del lugar, cree que el jaguar es “el más propenso en morir en situaciones de crisis”, aunque asegura que muchos otros animales podrían ni siquiera dejar rastro cuando el fuego se consuma.

Algo similar ocurre con los osos hormigueros, que si bien tienen la capacidad de evacuar de los sitios que consideran peligrosos, seguramente tengan después problemas para encontrar grandes cantidades de agua, que le son necesarias para sobrevivir.

Por supuesto, estamos hablando de algunas criaturas afortunadas, ya que otras habituales en esta parte de Bolivia como los cerdos de monte, mayormente alcanzados por los incendios, fallecen consumidos por las llamas.

En cuanto a los mamíferos pequeños, como los armadillos o el jochi, sus perspectivas son realmente malas, y es que algunos terminan siendo cazados para el consumo de su carne, mientras que otros, por su incapacidad para evitar el fuego, perecen calcinados.

Las aves iniciaron la migración

Aparte de las especies terrestres, tampoco se puede descuidar la enorme relevancia que tienen para los ecosistemas del lugar las aves, que en muchos casos directamente debieron migrar en búsqueda de sitios que les provean los elementos para su subsistencia.

Aquí los investigadores aún están expectantes, ya que consideran que especies como el tucán, las parabas o guacamayos, que normalmente migran a regiones que han sido arrasadas por las llamas, ahora podrían buscar refugio en los espacios verdes de las ciudades.

Allí su expectativa de vida tampoco es óptima, dado que corren el riesgo de ser atrapados para que más tarde se los ofrezca como mascotas, o bien morir ante las dificultades para hallar alimentos en entornos urbanos, donde muchas veces escasean especies de plantas o de insectos.

Intangibilidad, la solución

De acuerdo a la propia Arnold, la única forma segura en la que podrían restaurarse todos estos ecosistemas es mediante la declaración de intangibilidad del lugar, evitando que el hombre pueda realizar actividades en las zonas afectadas por los incendios.

Esto daría lugar a la naturaleza para que se regenere de acuerdo a sus propias condiciones y procesos, permitiendo que en algunas décadas el bosque seco chiquitano y el Chaco de Bolivia vuelvan a parecerse a sitios en los que se desarrolle la vida.

Según las autoridades del país, que a diferencia de lo que ocurre en Brasil sí se encuentran comprometidas en detener el fuego, hasta ahora son 1,8 los millones de hectáreas que han sido consumidos por las llamas, mientras que diferentes organizaciones ambientalistas señalan que ya se superaron los 2 millones de hectáreas consumidas.


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