El gran león de África, una especie de hace 22 millones de años

Después de 40 años, científicos logran relacionar unos restos óseos con el Gran león de África, que según dicen, ha sido el mayor carnívoro que ha existido en nuestro planeta.


De vez en cuando nos conmueve el descubrimiento de restos asociados a animales extintos cuya existencia se desconocía, y en este caso en concreto más aún porque estamos hablando de una especie que realmente dominó los hábitats en los que supo moverse hace millones de años.

Estamos hablando de una serie de componentes fósiles que se habían encontrado hace años en un yacimiento ubicado en la región oeste de Kenia, y que permanecieron sin ser asociados a ningún animal conocido casi cuatro décadas. Hasta ahora.

Es que estos huesos, preservados en el Museo Nacional de Nairobi y que permiten identificar dientes, partes de una mandíbula, cráneo y esqueleto, habrían pertenecido a una nueva especie de carnívoro gigante que asoló la tierra hace unos 22 millones de años, el gran león de África.

Un animal fuera de lo común

Estos datos, que han sido difundidos tras un reciente estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, indican que la especie en cuestión puede ser ya considerada como “el carnívoro extinto más grande” del que se tenga conocimiento.

Según las simulaciones de los científicos que trabajaron en estos análisis, estamos hablando de una especie cuyos ejemplares tenían el tamaño de un rinoceronte y dientes caninos también enormes, con los que podían atacar presas gigantescas.

El nuevo mamífero carnívoro ha sido denominado académicamente “Simbakubwa kutokaafrika”, lo que podríamos traducir como gran león de África, teniendo en cuenta que simbakubwa en swahili significa gran león, mientras que kutokaafrika significa de África.

Si se consideran especialmente las piezas dentales conservadas, se llega a la conclusión de que el animal en cuestión podría haber alcanzado los 1.500 kilogramos de peso, transformándose también en uno de los animales de caza más grandes conocidos.

“El animal posiblemente se alimentó de herbívoros parecidos a los elefantes y los hipopótamos que vivían en aquel entonces”, explicó Matthew Borths, paleontólogo de la Universidad de Duke y uno de los expertos detrás de este tipo de animales en particular.

El especialista advierte también que “sus enormes dientes indican que Simbakubwa era un hipercarnívoro especializado significativamente más grande que el león moderno y posiblemente más grande que un oso polar”.

Similar, pero no un felino

Más allá de su denominación casual que refiere a un león, lo cierto es que este animal extinto no puede ser clasificado como un felino, sino que pertenecía a un grupo de carnívoros desaparecidos a los que se conoce como hyaenodontos, los cuales dominaron grandes porciones de tierra después de su surgimiento tras el período de dominación de los dinosaurios.

Los investigadores, que siempre han tenido dudas al respecto, creen que la extinción de estas especies de depredadores puede deberse a los cambios ambientales que provocaron también la evolución de los mamíferos en otro tipo de especies.

Al ir desapareciendo algunos de los principales animales que eran presas de este gran león de África, pronto sus probabilidades de vida se vieron reducidas, y no pasó mucho tiempo para que fuera eliminado de la faz del planeta, como los demás hyaenodontos.

“No sabemos qué llevó a la extinción a los hyaenodontos, pero los ecosistemas estaban cambiando rápidamente a medida que el clima global se tornaba más seco”, sostuvo Borths, añadiendo que “los familiares gigantescos de Simbakubwa eran uno de los últimos hyaenodontos del planeta”.

Mientras tanto Nancy Stevens, paleontóloga de la Universidad de Ohio y otra de las autoras de este informe, ha remarcado la importancia de este nuevo hallazgo y confirmación, que “demuestra la importancia de las colecciones de museos para comprender la historia evolutiva”.

Los especialistas están seguros de que, a partir de identificar y asociar estos restos fósiles con el Simbakubwa, están en condiciones de recuperar muchas otras especies de las que apenas se tienen unos pocos rastros, y que no han podido ser ubicadas aún en tiempo y lugar.


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