¿Cuáles son los países que más redujeron sus emisiones de CO2?

Alemania, México, Francia y España lideran la lista de países que han logrado reducir las emisiones de dióxido de carbono en el año 2018, según el informe Low Carbon Economy Index, el cual se realiza cada año.


Las emisiones de CO2

Durante la Cumbre de la ONU por el Calentamiento Global que tiene lugar en Nueva York desde comienzos de esta semana, mucho se habló acerca del no cumplimiento de lo pactado en el Acuerdo de París por las grandes potencias, referente a la necesidad de disminuir las emisiones de CO2.

Ahora bien, mientras escuchamos las denuncias contra aquellas naciones que no están haciendo bien su trabajo al respecto, creemos que también resultaría interesante descubrir cuáles son las que sí se están mostrando más activas en este sentido.

Según la última edición del informe Low Carbon Economy Index, que acaba de ser publicada, los países que más lograron reducir sus emisiones de dióxido de carbono durante el 2018 fueron Alemania, México, Francia y España, por mencionar los cuatro más destacados de la lista.

El análisis, que se elabora por undécimo año consecutivo para conocer el progreso de cada una de las naciones en cuanto al control de estos gases contaminantes para el medio ambiente, tiene en cuenta lo ocurrido sólo con aquellos que forman parte del G20, y eso explica que, a escala global, podrían producirse algunos cambios en las ubicaciones.

Si bien en líneas generales el estudio concluye que la economía mundial y las políticas de los grandes líderes siguen “alejándose de los objetivos del Acuerdo de París”, no dejan de remarcar tampoco el éxito de algunas medidas tomadas por países antes mencionados.

Efecto arenas movedizas

Pablo Bascones, socio responsable de Sostenibilidad y Cambio Climático de la firma de consultoría PwC, encargada de este estudio explica que, si bien las economías de estas naciones son cada vez más eficientes desde lo energético, después la mayor demanda hace que se contrarresten y casi siempre anulen los avances obtenidos.

Si tomamos el caso de España, por ejemplo, entre 2017 y 2018 se puede observar una utilización de energía hidráulica 87% mayor en apenas un año, junto con un crecimiento de la eólica del 3% y la reducción de la explotación de fósiles de un 17%.

Estas cifras, que se repiten sin diferencias muy notables en los otros países que lideran este ránking, demuestran que cumplir con los objetivos acordados no será nada sencillo por más buena voluntad que exista, porque no se trata de optimizar un modelo de producción sino de cambiarlo por otro, algo que evidentemente no convence a las cúpulas dirigenciales del planeta.

De hecho, estas naciones se encuentran “muy lejos” de los compromisos adquiridos ante sus pares en lo que respecta a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, así que podemos suponer que los casos de las demás, o de las no estudiadas, son aún más graves.

“No podemos sentirnos satisfechos de que las emisiones se reduzcan fundamentalmente porque el clima acompañe. Tenemos, por tanto, el gran reto de conseguir mayores tasas de descarbonización en situaciones climatológicas adversas, actuando no sólo sobre el sector energético, sino también sobre los sectores transporte, residencial, agrícola, etc.”, manifiesta el consultor.

Si realizamos una comparación con el Acuerdo de París, que suele ser utilizado en estos casos como una especie de referencia, podemos ver que hay una desaceleración en materia de descarbonización, pasando del 3,3% promedio del 2015 al 1,6% promedio del 2018.

En el informe de PwC ya se alerta de hecho que, si todo continúa del mismo modo, las naciones “no alcanzarán sus propios objetivos nacionales ni mucho menos el objetivo mundial, mucho más ambicioso”, que establecía una descarbonización promedio del 3% anual continúa hasta el 2030.

A estas alturas, y con la desobediencia de muchos de estos países a la vista, los especialistas consideran que los índices de abandono de las energías producidas a partir de fósiles deberán ser mucho más altos en los próximos años para alcanzar las metas propuestas a una década.

Una de las grandes amenazas que existen al respecto es el crecimiento de economías de primer y segundo orden como la china, la india o la indonesia, que tras décadas de retraso están demandando energía interna como nunca antes en la historia, multiplicando sus emisiones de CO2 y echando por la borda los esfuerzos de algunas otras naciones.

“Lo positivo es que somos la primera generación en conocer el problema real al que nos enfrentamos, existen soluciones tecnológicas, muchos líderes empresariales quieren liderar el cambio y contamos con inversores cada vez más concienciados y dispuestos a financiar el mismo” concluyen, en un tono algo más optimista, Bascones.


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