Atolones de las Tuamotu, edén del turismo acuático

Las islas Tuamotu son un paraíso tropical que no te puedes perder, donde se pueden realizar diversas actividades acuáticas o disfrutar de hermosos paisajes mientras te relajas en una de sus impresionantes playas.


Atolones de las Tuamotu

Aunque la mayoría de los numerosos atractivos de Francia se encuentran en pleno corazón del territorio europeo, algunos de ellos podemos ubicarlos al otro lado del mundo, más en concreto en la Polinesia Francesa, uno de los paraísos naturales que todavía no se han visto afectados, ni modificados, por la presencia y actividad del hombre.

Esta porción de la Polinesia, formada por 35 islas y 83 atolones que se distribuyen en 5 archipiélagos, está rodeada por una interminable superficie de agua, lo que le ha convertido en un sitio ideal para los amantes del entretenimiento al aire libre y, sobre todo, acuático.

De hecho, aunque es probable que no la conozcas tanto como tal, seguramente habrás escuchado alguna vez de lugares como Tahití o Bora Bora, a los cuales suelen desplazarse los famosos cuando no quieren ser molestados durante sus vacaciones, descanso de verdad.

Bungalows en Tahití.

La propia historia de la Polinesia Francesa es atrapante, ya que fue descubierta por Fernando de Magallanes en su circunnavegación de la Tierra de 1521, y no la encontró sola sino con sus increíbles arrecifes, que para entonces eran un auténtico desafío para la navegación náutica, y que ahora le postulan como un paraje ideal para olvidarnos de la rutina.

Desde ese momento hasta ahora, este territorio francés de ultramar ha ido ganando fama, y ya son miles de viajeros los que todos los meses llegan a Rangiroa, el segundo atolón más grande de las Tuamotu, pero que sirve como escala para llegar a los demás.

Playas bellas y esnórquel en aguas cristalinas

Pasando a algunas de las opciones de diversión que podemos disfrutar en este atolón inicial, sin duda estamos en condiciones de recomendar los paseos en bicicleta por sus caminos, que en muchos casos han sido formados de manera natural, marcándose en la arena.

Incluso, al final de este recorrido podemos encontrar algunos de los hoteles del lugar, en los que conviene tener reservas previas al viaje para evitar problemas, y que propician el acercamiento definitivo a las playas y el mar.

Tan pronto estés sobre las aguas, notarás que hay guías y propuestas de deportes acuáticos, entre los que sobresale más que nada el snorkel y el buceo, ya que los fondos son excepcionales, e incluso verás tus propias extremidades inferiores si te adentras en el mar.

Snorkel en Tuamotu.

Les Sables Roses o Lagon Bleu son algunas de las playas que podemos aconsejar a los viajeros que conozcan, teniendo en cuenta que reúnen muy bien las propuestas para pasarlo bien como lo salvaje de aquellos lugares explorados mínimamente por la humanidad.

Si eres un poco más audaz que la media, también tienes la posibilidad de alimentar a las mantarrayas y diferentes especies de tiburón que se encargan de poblar la zona, absolutamente inofensivos más allá del temor que a uno pueda producirle.

Los otros atolones

Como otra opción tenemos también los demás atolones que nos transportan aún más, si cabe, a aquellos sitios recónditos sin rastros de civilización occidental. Por ejemplo, Fakarava es el primero en dimensiones y el segundo en relevancia, con casi un tercio de su superficie ocupada por una laguna, y con una biodiversidad gracias a la cual ha sido declarado Reserva de la Biósfera.

Un poco más pequeños aparecen Manihi, reconocida por sus granjas de perlas negras, o Tikehau, donde podemos asistir a la danza de las mantarrayas. En cuanto a este tipo de atractivos es mejor que averigües en qué épocas del año se producen específicamente, para no perdértelos.

El resto de los atolones, aunque existe alguna oportunidad de llegar a ellos, son de más complicado acceso y requieren de contratar algún vehículo privado, lo cual puede resultar bastante costoso. Pensando en que llegues hasta ellos, hallarás bonitas pensiones familiares para pasar la noche.

Datos para turistas

En primera instancia, conviene que organices el viaje a la Polinesia Francesa por cuenta propia, ya que al evitar los paquetes conseguirás ahorrar una buena cantidad de dinero tanto en viajes aéreos como en alojamiento, y eso podrás usarlo luego para excursiones y gastronomía.

En materia de clima, la temperatura suele ser cálida, de entre 25º y 30º C, con dos estaciones diferentes y bien marcadas, y la mayoría cree que conviene viajar hasta allí entre mayo y octubre, temporada alta, o bien entre marzo y abril, temporada media.

Por las mismas cuestiones meteorológicas, no hace falta que lleves demasiado equipaje, ya que buena parte del día estarás ligero de ropa, y eso no sólo te permite gastar menos en los billetes de avión, sino también ganar tiempo en cada escala.


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